A las 13h del 27/12/2010 | ✎ Comenta | ❤ Cómpartelo




A Paris Hilton le encanta el rosa. Y el paracaidismo. Y Hawaii. Chris Brown ya ha obtenido el título de asistencia al curso de violencia doméstica al que fue sentenciado tras su incidente con Rihanna. El marido de la embarazada Mariah Carey está empeñado en convencer a su futuro hijo de que Santa Claus no existe, incluso antes de que nazca.

No hemos leído estas interesantes noticias en el Pérez Hilton o TMZ de turno, ni siquiera a través de campañas de lavado de imagen disfrazadas de noticia en medios serios. 2010 ha sido el año en que los famosos han tomado Twitter para mostrarnos su lado más humano, y en muchos casos para contarnos su día a día en directo, llegando a dar detalles que nos han hecho cuestionarnos su capacidad para gestionar esta potente herramientas de comunicación.

Algunos, como la pareja formada por los famosos y Twitter-evangelists Demi Moore y Ashton Kutcher, se han hecho (y compartido) fotos que esperarías ver en el perfil de Facebook de cualquier amigo enamorado. Otros, como Scarlett Johanson, han pasado horas respondiendo uno a uno a los tweets de sus fans, contribuyendo de alguna manera a construir una imagen diferente de la que solemos percibir a través de otros medios. Estos usos, más o menos inocuos, han compartido espacio en los titulares de los medios especializados con salidas de tono, fotografías demasiado personales o disputas familiares online.

¿Quién debe gestionar la cuenta de Twitter de un famoso? ¿Necesitan CMs, estrategas, consultores? Muchos parecen pensar lo contrario, y han explotado esta poderosa herramienta al margen de sus gabinetes de prensa y comunicación. Kanye West realizó una serie de tweets quizás demasiado sinceros para pedir perdón a Taylor Swift y a la opinión pública por el incidente de los VMA del año anterior. El rapero Snoop Dog hizo una mención a Oprah para sugerirle que pusiera su nueva canción en su programa, al parecer saltándose cualquier estrategia promocional, pero quién sabe si como parte de una.

Algunos famosos han llegado incluso a desafiar a sus asesores, como Rihanna al proclamar que había recuperado el control sobre su cuenta o Amy Winehouse al crear un perfil alternativo a su cuenta verificada en la que poder dar rienda suelta a su personal escritura.

¿Es posible prohibir a una celebrity que gestione su propio Twitter? ¿Puede la industria usar los mismos argumentos con los que los convencen para que no escriban ellos mismos sus respuestas a una entrevista? ¿De verdad hay que tomarse Twitter tan en serio? Y lo más importante: ¿funcionan estas formas de gestionar perfiles como case studies en los que fijarnos a la hora de definir las estrategias para nuestras marcas? En cualquier caso, nos han servido para entretenernos mientras buscamos el mejor tweet de 2010.

Artículo escrito por Mar Barberá y Account Director y Social Media Strategist en Buzz Marketing Networks.