A las 15h del 22/12/2010 | ✎ 1 Comentario | ❤ Cómpartelo




Estrenada hace ya más de una década, El Ala Oeste de la Casa Blanca, multipremiadísima serie ganadora de 4 premios Emmy consecutivos, pertenece a una época que casi podríamos denominar como la prehistoria de Internet. O, al menos, su Edad Media. Por eso no descoloca tanto que un producto televisivo tan entregado en cuerpo y alma a la politología –hasta el punto de atribuir al equipo de comunicación del Presidente Barlett los poderes de ministros o secretarios de estado- apenas consagrara en 8 temporadas un solo episodio a la red de redes. En lo que sí fue pionera fue en anticipar en qué medida la comunicación política pasaría a ser ruido de fondo y no únicamente mera cuestión de forma. Por supuesto, después aparecieron las redes sociales, con Facebook y Twitter a la cabeza y lo cambiaron todo para siempre. Pero esa es otra historia.

Barack Obama es probablemente el mejor paradigma de todo esto, el actual presidente americano pilotó un eje básico de su campaña electoral sobre su perfil en Twitter. Gracias al cual humanizó su figura, acortó distancias y dialogó de tú a tú con los ciudadanos. Conviene, no obstante, no ser tan ingenuo como para confundir Twitter con un ágora digital, pero tampoco pasarse de cínico. La herramienta ha acreditado su solvencia para detectar preocupaciones ciudadanas y estados de ánimo transversales.

En nuestro país la cosa va más lenta. Patxi López, Tomás Gómez o Esperanza Aguirre (y su equipo) son algunos de los políticos que debaten en 140 caracteres. No todos con la misma fortuna, todo hay que decirlo. Los partidos políticos también administran la plataforma a diario, pero demuestran una ignorancia palpable al confundirla con un simple repositorio de sus actualizaciones para Facebook, un canal en el que todavía se sienten más cómodos.

Luego también está cuando los políticos se convierten por su propia boca en Trending Topics. Para ejemplo, Esperanza Aguirre, siempre polémica. La lideresa afirmó sin rubor eso de “Yo destapé la Gurtel”. Nunca diez segundos dieron para tantas risas. El hashtag #aguirrefacts homologó su figura con la de… ¡Chuck Norris! Los usuarios en vivo y en directo ironizaron sobre aquellas declaraciones mediante tweets tan ingeniosos como los siguientes:

Yo vi el Big Bang y no fue para tanto

Yo soy el arquitecto de Matrix

Yo congelé a Watl Disney

Yo hundí el Titanic para que James Cameron hiciera la película

Eso sí, la conservadora supo reírse de sí misma y contribuyó al chiste desde su propio perfil: Yo puse de moda los calcetines blancos con sandalias.

Por cierto, volviendo al principio de este artículo, no deja de ser sintomático que el último proyecto de Aaron Sorkin, el hombre tras El Ala Oeste de la Casa Blanca, haya sido precisamente el guión de La red social, aclamadísimo biopic de Mack Zuckberg, el tipo que creó Facebook. Probablemente lo próximo que veamos en los mejores cines de su pluma se titule Twitter. La película. Y para colmo será otra condenada obra maestra.

Artículo escrito por Ibán Manzano, editor en Y encima se llamaba Alabama y Account Director y CM en Buzz Marketing Networks.